Bajo el síndrome de Formentera

Bajo el síndrome de Formentera

Rioja2

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La UDL está tocada. Sergio Rodríguez dice que no. Pero lo evidenció en Las Gaunas. No sólo por el marcador, derrota 1-2 ante un Caudal que sacó petróleo de sus oportunidades. El problema reside en el conjunto riojano. Ir ganando 0-2 en el Sant Francesc y tirar por la borda en unos minutos todo lo que estaba en juego, tuvo consecuencias este domingo. La mutación que ha sufrido el cuadro blanquirrojo está siendo paulatina. Parece que se recupera, que hay momentos de esos que recuerdan al gran inicio de temporada, pero no hay constancia, no se domina con tanta precisión. Cierto que cuando llegan las derrotas, los baches parecen socavones y que se tiende a destacar lo negativo, lo que se echa de menos, lo que falta para alcanzar, de nuevo, el camino del triunfo.

El técnico logroñés no ha sacado pecho en las victorias, tampoco se hunde y tira balones fuera cuando llegan los primeros tropiezos -tres seguidos en apenas siete días de diferencia-. Asume incluso que se pudo equivocar porque al equipo le faltó equilibrio durante bastantes minutos. Sin embargo, fue insuficiente para cargar todo sobre el entrenador blanquirrojo, que modificó hasta en tres ocasiones las piezas y el dibujo sobre el césped. Hubo más agujeros negros que se venían intuyendo. Como que si este equipo no es eficaz y marca la primera que tiene, es decir se coloca por delante en el marcador, sufre.

Si no ejecuta a la perfección su idea de juego, su control e imprime una marcha más en los metros finales acaba pagándolo. Los rivales lo saben y tratar de maximizar sus opciones. Ritmo lento de partida y hacer daño a balón parado. Ahí pierde la partida la UDL. Sin balón, falta agresividad. Apenas hay robos en la medular, casi no hay anticipaciones, muchos futbolistas flotan, no aprietan, no acaban de meter la pierna. La consecuencia es que los rivales se lo van creyendo. El ejemplo, el Caudal. Tras una primera parte en la que apenas pasaron de su campo, el golazo de Borja Prieto tras un despeje corto de puños de Miguel y una mala colocación en el rechace y un tiro al larguero del mismo protagonista, los asturianos buscaron aumentar el tiempo con el cuero en su poder.

Hubo que esperar a un par de arreones para albergar esperanzas del triunfo. El primero de ellos estuvo dirigido por Ñoño, que buscó el 2-1 desde la frontal pero Rabanillo, que la pifió en el empate, se recompuso. El extremo andaluz es de momentos. Puede estar ausente muchos minutos y en apenas tres acciones se muestra como el jugador desequilibrante que es. Lo dicho, apenas 5 minutos de incordio con presencia en área asturiana, pero sin mordiente. Con muchas ganas, por parte de la grada de cantar gol, pero sin que llegue el grito. El último vino en los instantes finales. Con Arnedo ejerciendo de central por la derecha y con Paredes como extremo por la izquierda. Pero ni Marcos André ni Iván Aguilar pudieron rematar. Sólo hubo una ocasión, un centrochut de Ñoño que fue escupido por el poste. Muy poco para un conjunto adalid de la elaboración, que vive en aras de lograr superioridades para superar a sus adversarios.

Para llegar a esa situación extrema, la del 1-2, hay que entender cómo se genera el tanto del exblanquirrojo Íker Alegre. Pérdida en la salida del balón, robo del extremo asturiano, verticalidad y agresividad por encarar a dos rivales, citarlos, fintarlos, amagarlos y buscar el hueco para cruzar ante Miguel. Pese a que pidió perdón, el tanto subió al marcador y los puntos se fueron para un Caudal que alivia su puesto en la tabla.

SALVADOR TUVO LA PRIMERA

Evidentemente, todo pudo cambiar si Salvador hubiera estado fino en el remate. Balón largo de Caneda, error garrafal de la zaga del Caudal que habilita la llegada del centrocampista para retar a Rabanillo. Pero el pulmón de los blanquirojos se estrelló con el cuerpo del portero. Instantes después vino el tanto de Borja Prieto después de una falta lateral. Un gol que afectó y que avivó los fantasmas de Formentera. Thaylor dejó de ser el centro de las iras, con abucheos constantes por un sector de la afición, y la UDL trató de recuperar el ánimo pero lo hacía de manera esporádica. Para ese momento, Sergio Rodríguez ya había cambiado el inicial 4-4-2 para un 4-2-3-1 en el que primero Espina y después Muneta gozaron de libertad por detrás de Iván Aguilar.

No parecía cuestión de mover piezas o de dibujos. Borja Prieto, con confianza tras el 1-0, levantó la cabeza, vio que nadie le salía a su paso y chutó con potencia. Miguel tocó lo justo para desviar al larguero. Hubiera sido demasiado, pero pudo ser. Las combinaciones locales eran escasas y sin finalización: centro de Paredes que no encuentra rematado, tiro de Arnedo tras un córner... Hasta que Espina cedió para que Ñoño probara fortuna. Tiro fácil para el meta. Eso parecía, hasta que a Rabanillo se le escurrió la pelota.

Vuelta a empezar para ambos contendientes. Bola extra para una UDL que necesitaba algo de suerte para recuperar la fragilidad emocional tras lo acontecido el miércoles en territorio balear. En la segunda mitad, se intuía una mejora. Así fue en la primera jugada con la llegada de Miguel Santos hasta la línea de fondo y pase atrás para que Espina, sin gol de momento, se encontrara con los puños de Rabanillo. Fue un espejismo porque el Caudal salió decidido a replicar a los anfitriones. Los de Paco Fernández aumentaron el tiempo con el balón en su poder, incluso metiendo a los riojanos en su campo. Por ahí estaba ese desequilibrio del que habló Sergio Rodríguez a la conclusión del duelo.

Lo hacían si que Miguel tuviera que lucirse, pero era un aviso. La UDL gozaba de espacios y Ñoño se gustó en ese primera embestida sin consecuencias en el marcador. Cuando el Caudal reculaba un poco, tampoco mucho, vino el 1-2 de Íker Alegre. Mazazo. César Remón iba a saltar al campo. Se quedó con las ganas. Nueva variante con Marcos André en escena para el último cuarto de hora. Arnedo, Caneda y Borja Gómez formaban como tres centrales, aunque Arnedo era un lateral cuando los suyos tenían que defender ya que Paredes en ataque vivía en campo ajeno. Salvador, Muneta y Rayco por dentro, Ñoño por fuera en la derecha y arriba dos delanteros.

Un tiro a puerta. Varios córners -los últimos con Miguel en plan rematador-, algunos centros laterales, pero poca chicha. Salvo un centrochut de Ñoño que lo detuvo el poste en el minuto 93. Lo intentó, pero el Caudal tiró de trabajo y solidaridad para frenar a una UDL previsible, con aparente profundidad pero sin remate. Eso quizá está penando. También que los errores defensivos se convierten en gol. Sergio Rodríguez es optimista y confía en que el equipo recupere lo que antes se hacía bien y dejó claro que toca incidir en el aspecto defensivo. Por ahí, robando balones en zona alta y no siendo tan vulnerables se puede volver a ver a ese equipo que brillaba hace bien poco. Lejos o no, el liderato queda a 6 puntos, la fase de ascenso a 2. Estar fuera de los puestos de privilegio quizá provocque una mayor hambre para las p´roximas citas.

FICHA TÉCNICA

UD Logroñés: Miguel; Miguel Santos (Marcos André, min. 76), Caneda, Borja Gómez, Paredes; Muneta (Cifu, min. 84), Arnedo, Salvador, Ñoño; Espina (Rayco, min. 65) e Iván Aguilar.

Caudal Deportivo: Rabanillo; Cristian, Catú, Calahorro, Inbernón; Thaylor (Richard, min. 68), Adrián Llano (Alberto, min. 67), Borja Prieto, Íker Alegre; Javi Sánchez y Camochu (Borja Navarro, min. 77).

Goles: 0-1, min. 17: Borja Prieto. 1-1, min. 36: Ñoño. 1-2, min. 74: Íker Alegre.

Árbitro: Antonio Monter Solans (Colegio Aragonés). Amonestó a los locales Paredes (min. 20), y a los visitantes Adrián Llano (min. 6), Catú (min. 33).

Incidencias: 2.672 espectadores en La Gaunas, según informó el club organizador. Los vendimiadores de las recientemente acabadas fiestas de San Mateo realizaron el saque de honor.

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