Cuando el verano no es sinónimo de vacaciones

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Es verano y muchos aprovechan esta época para descansar. Los 'jefes' se relajan y en algunos casos hasta se ponen didácticos, para enseñarles lo mejor de su profesión a novatos con ganas de aprender. Pero también, muchas empresas se encuentran ante la problemática de cubrir las vacaciones de un empleado, o incluso en algunos casos necesitan contratar más personal debido al mayor volumen de trabajo.

En la otra cara de esta particular moneda están quienes en verano aprovechan para cambiar de aires laborales, o simplemente para trabajar. Además, muchos estudiantes se dedican a mejorar sus habilidades profesionales en empresas del sector en el que desarrollan sus estudios. ¡Que se lo digan a nuestros políticos! que, desde hace más de un mes se enfrentan a los becarios de los diversos medios de comunicación.

Este tipo de trabajos veraniegos son precisamente los que más alegalidad sufren, pues en muchos casos son acordados verbalmente o con el pago de retribuciones no declaradas. Los datos oficiales del Gobierno de La Rioja dicen que durante el pasado verano se crearon en nuestra región 25.200 puestos de trabajo, de los que específicamente para esta época eran unos 3.500 y de éstos 2.600 ocupados por jóvenes.

Además se da el caso que por la coyuntura económica, en 2010 se crearon menos puestos de trabajo veraniegos. Este descenso es achacado por el Gobierno Regional a que en muchas empresas no se crearon nuevos puestos para sustituciones por vacaciones.

En general, y según los datos a los que ha podido acceder Rioja2, la participación laboral de menores de 30 años se aproxima al 46% en verano, lo que supone 5 puntos más que durante el resto del año.

Para dar cuenta de esta realidad tan veraniega Rioja2.com ha conversado con algunos de estos trabajadores veraniegos. No podía faltar, para empezar, un trabajo tan típico como el de socorrista. Un trabajo que desarrolla en una urbanización de Logroño desde hace 3 años un guipuzcoano de 28 años. Natxo Agirre, empezó como socorrista gracias a un curso para desempleados.

“Tras acabar la carrera me encontraba sin trabajo o cubriendo sustituciones de 3 ó 4 meses como mucho” reconoce, por este motivo, este maestro de Educación Física estaba apuntado en oficinas públicas de empleo y en empresas de trabajo temporal, hasta que “un día,

cuando fui a renovar el paro, la funcionaria me miró de arriba a abajo y me dijo que se me veía en forma y que podría sacar fácilmente el curso de socorrista, así que me apunté y al acabar me cogieron durante casi un año para cuidar críos en un colegio pijo“. Le comento que suena muy publicitario, que parece una radiopromoción y su respuesta es clara: ”no sé a qué sonará, pero por lo menos conseguí trabajo“.

Agirre comenta que durante ese tiempo aprovechó para seguir formándose haciendo “cursos de fitness, capoeira, pesas... 'lo típico'”. Todo ello le llevó a que éste 2011 sea el tercer año que trabaje como socorrista y asistente de gimnasio en una urbanización logroñesa, un trabajo “descansado” que le permite no quedarse “parado, porque de octubre a mayo estoy en una ikastola, pero sin cobrar en verano el dinero se acaba pronto, asi que te vienes aquí que ya te conocen y como ya conoces a gente...” destaca, porque “además ligas, ahorras teniendo el gimnasio en el curro y te pagas las vacaciones, en negro por supuesto, por vigilar que nadie se te haga daño”. Por último, concluye que repetirá siempre que le sea posible, porque Logroño le gusta “aunque no haya playa”.

También hay quien en verano se dedica a hacer lo mismo que en invierno. Como por ejemplo, Cristina, una logroñesa de 22 años que desde que dejó los estudios no le ha faltado trabajo.

El último lo empezó “hace casi un año, el verano pasado, en una tienda de moda masculina”, comenta que “sin estudios quedan pocas salidas laborales, más aún, con la situación tan complicada que hay actualmente con tanta gente con estudios y sin salidas en lo suyo” reconoce que cada día son más “la cantidad de currículums que veo entregar diariamente de gente que quiere trabajar donde sea para sacar su vida adelante. Da mucho apuro verlo cuando hay familias que mantener y casas que pagar”.

Ella está muy contenta con su actual trabajo, “puedo decir que a mis 22 años tengo un trabajo fijo y no me quejo, aunque nadie está a salvo de nada, yo ahora me centro en el presente”, pero se plantea, que si estuviera en otra situación le “daría igual dónde trabajar”.

También los hay que en verano estudian más aún de lo que habían estudiado en septiembre. Como Pablo (Logroño, 1989), un estudiante de Periodismo y Economía en una universidad madrileña. “Tengo una beca de Introducción a la Investigación en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, concretamente en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales, ubicado en Madrid. La finalidad del programa 'JAE-intro' es familiarizar a estudiantes universitarios de últimos cursos de carrera con el trabajo científico y con el funcionamiento de la investigación pública en España y, en concreto, del CSIC, que es una agencia estatal dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación. La beca tiene dos meses de duración a realizar durante el verano. Para mí está siendo la oportunidad de conocer a fondo un mundo que me era bastante desconocido y de aprender los métodos y procedimientos que hay que seguir para realizar investigación científica... Además, estando aquí te das cuenta de la cantidad de información relevante que se produce en estos centros y que no siempre llega a la sociedad.” dice. Piensa que aún queda mucho por avanzar en el campo de la divulgación científica: “se deben potenciar y estrechar las relaciones entre los periodistas y los científicos -como fuente informativa-”.

Afirma que le gusta “estar 'ocupado' en verano” porque es bueno para continuar su formación “algo imprescindible teniendo en cuenta el difícil panorama laboral que nos espera a los jóvenes”.

No todo es bueno, acostumbrado al verano de la Sierra Camerana, Pablo reconoce que “lo peor está siendo el calor del verano -este es el primero que paso en Madrid- y la cantidad de tiempo que pierdo cada día en transporte”. Sobre el futuro laboral, piensa que la juventud, además de indignarse y ser crítica con el sistema “que está bien”, tiene en la medida de sus posibilidades “la obligación de formarse para ser innovadores y poder emprender nuevos proyectos que contribuyan a la recuperación económica”.

Son sólo 3 jóvenes, una muestra de la gente que sí trabaja en verano, e incluso durante todo el año. Para la elaboración de este artículo hemos encontrado además muchos titulados trabajando fuera de sus áreas laborales (hostelería, tiempo libre, comercio...) y otros tantos desarrollando prácticas, e incluso con contratos de prácticas bastantes meses después de haber acabado sus carreras universitarias. Para todos, ¡mucha suerte!

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