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El 24 de mayo de 2016

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Sangre y plata: Miguel Fernández

Rubén R. Casas

Celebró el pregón de primavera el Club Taurino Logroñés, en esta ocasión el cirujano jefe de la plaza de toros La Ribera D. Miguel Fernández Ruiz, que además es jefe de las plazas de toros de Calahorra, Haro, Alfaro y Nájera. Debutó en Haro en 1980 sin novilladas previas, con gran historial en su profesión.

Arrancó la conferencia con los datos económicos y de asistencia a los espectáculos taurinos, explicando que la cirugía es de urgencia. Dio unas pinceladas de como Ricardo Torres “Bombita” creó la Asociación Benéfica de Auxilios Mutuos de Toreros, el Montepío de Toreros por el 1909, y unos años más tarde, Marcial Lalanda “el más grande” compró un hotel en calle Bocángel en 1924, que tras las obras oportunas comenzó a funcionar como Sanatorios de Toreros en 1927, este último atendía a unas doscientas personas anuales.

Comentó que el toro viene a pesar entre cuatrocientos y seiscientos, pueden alcanzar velocidades entre los treinta y treinta y cinco kilómetros hora y se calcula que es capaz de sostener en su cornamenta tres veces su peso. Así las cornadas no son realizadas por corte de asta ya que esta es roma, si no por empuje y presión, hizo una amplia exposición sobre los distintos percances, como varetazos, puntazos, cornadas y heridas por empalamiento, que suelen ser heridas muy sucias con grandes destrucciones en tejidos con complicaciones y secuelas, aunque hizo un apunte de que trabajan con gente muy joven y muy preparada físicamente, entonces la recuperaciones son más prontas, y no porque sean de otra pasta.

Salió a colación el percance sufrido por el novillero peruano Renatto Motta, el tiempo que se invirtió en llegar al hospital, y la posible enfermería. Dijo que en la Manzanera la enfermería era un cuarto al lado de los corrales, y que se dice que un torero ha tocado hule por que antiguamente la mesa tenía un hule para trabajar encima con la persona. En Haro comentó que la capilla estaba comunicada con la enfermería y que la separaba una cortina, pero había diestros que veían la camilla y salían por piernas jurando en vez de rezando.

Sobre las enfermerías en general dijo desde cunado están reglamentadas y que la ley dicta las normas mínimas requeridas para el funcionamiento de las mismas, diciendo que en La Rioja, en las que está con su equipo están a un buen nivel de exigencias y que se puede realizar cualquier trabajo con éxito. Lla primera cornada en La Ribera la tuvo Víctor Puerto, y cuatro días más tarde cortó una oreja en La Real Maestranza de Sevilla, así que hizo un buen trabajo. Donde se vio desbordado fue con la cogida de “El Juli” en Calahorra por los medios de comunicación porque decían cosas que no la sabían ni los propios profesionales. En diferentes espectáculos taurinos, al cabo del año, se sufren muchos percances que dejan secuelas en las que cuesta curarse días, meses, años o toda la vida.

Terminó el acto dándole las gracias a su esposa Ana, por estar siempre a su lado, tanto en lo profesional como en lo personal.

Es curioso que las personas casi anónimas como son los cirujanos taurinos siempre con la mirada en el ruedo, por si tiene que echar a correr para colocarse el verde y ponerse a trabajar con esas manos de oro.

 

 

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